Se acabó. El Hércules no consiguió remontar el resultado de ida en Santo Domingo y dice así adiós al playoff de ascenso a Primera División en uno de sus partidos más grises y apáticos de los últimos años, donde solo un cansancio acumulado extremo justificaría la inexistente mordiente que presentó el equipo de Mandiá en un partido donde sólo valía marcar. No hubo prácticamente ocasiones ni tiros a puerta, pero si existió un equipo que tuvo posibilidades de hacer gol fue, sorprendentemente, el Alcorcón, que más allá de salir beneficiado por la comparación, tampoco realizó un buen partido y le valió con ser consistente atrás, arma que utilizó también en Alicante y pudo hacerla valer gracias al gol tempranero que consiguieron en la ida.
Nervios, especulación, falta de ritmo, de intensidad, de acierto… el Hércules jugaba por arriba, metiendo pelotazos imposibles de domar para Aganzo. Y realmente daba la sensación de que era así por capacidad. No la sacaban por abajo porque sencillamente no era posible hilar cuatro pases seguidos en el centro del campo. Con Aguilar, Tiago y Míchel en busca y captura, Sardinero, Gilvan y Aganzo eran meros títeres en manos de la zaga amarilla. Mención especial merece la lamentable actuación del ariete, que pese a lo comprensible de sus nervios y su efusividad, que hasta puede agradecerse, forzó la paciencia del colegiado hasta acabar expulsado y propiciar una tangana innecesaria tras todo un partido de faltas excesivas y salidas de tono poco propias de un profesional de su veteranía.
Los cambios llegaron tarde, aunque por más que se alargara el partido nadie confiaba en una victoria. Ni siquiera los jugadores. Ni siquiera un tiro entre los tres palos. No hay mucho más que contar de la batalla que se perdió en Santo Domingo. Los libros de historia no hablarán de ella porque uno de los dos bandos la comenzó rendida. Los guerreros de Mandiá se quedaron sin fuerzas antes de tiempo. Algunos de ellos tendrán tiempo de recobrarlas hasta la temporada que viene.
















